Crazy Rich Asians y el debate sobre la diversidad cultural en la industria cinematográfica

Por: Neruska R. Rojas La Chica

CRAZY RICH ASIANS – Official Trailer

El pasado mes de agosto de 2018, la audiencia internacional recibió con agrado el estreno de la comedia romántica Crazy Rich Asians (conocida en América Latina bajo el nombre de “Locamente millonarios”), un largometraje inspirado en el exitoso betseller homónimo escrito por Kevin Kwan (2013). Desde la puesta en circulación del primer tráiler, las redes sociales se llenaron de cientos de comentarios celebrando el estreno de una película que incluía, después de dos largas décadas, un talentoso reparto integrado por actrices y actores asiáticos. Tras su premier en Estados Unidos, la cinta Crazy Rich Asians se sumó a las banderas insignes de las campañas mediáticas que desde 2015 exigen mayor diversidad e inclusión en la industria cinematográfica controlada por Hollywood.

Crazy Rich Asians: mucho más que una rom-com

Filmada en distintos escenarios escogidos entre Singapur y Malasia, la película se convirtió en un éxito de taquilla en Estados Unidos recogiendo un total de 26.510.140 USD en el fin de semana de estreno. En el transcurrir de un par de semanas, dicha cifra se multiplicó hasta alcanzar un total de 174.532.921 USD en el mercado doméstico, monto considerable si se tiene en cuenta que el costo de producción no superó los 30 millones de dólares [según datos oficiales del portal web Imdb].

En términos de ganancia, la suma alcanzada por venta de boletos reflejó el gran interés del público general que acudió a las salas de cine para saciar su curiosidad sobre un largometraje que avivó el debate en torno a la falta de diversidad cultural –y representaciones asiáticas no estereotipadas– en la gran pantalla, tema que por demás ha sido materia de sendas discusiones en distintos espacios académicos a lo largo del siglo XX y lo que va del siglo XXI.

El estruendoso eco de tales debates retumbó con mayor fuerza al interior de la comunidad asiática-norteamericana, una minoría étnica que durante décadas ha sido víctima de los estereotipos que promueve la industria del arte y el entretenimiento. Tales estereotipos son recreados a través de la construcción (conservación y reproducción) de una imagen sobre el sujeto asiático que se eleva como alguien trabajador, ambicioso, pero no tanto como para representar una amenaza, y un poco tímido, pero a la vez muy inteligente

Este imaginario ha sido respaldado durante décadas por el concepto de la “minoría modelo”, expresión que surgió en Estados Unidos en la década de 1960 bajo el contexto de la lucha por los derechos civiles: 


En apariencia, la ‘minoría modelo’ es una palabra positiva que se usa como estereotipo […] que establece un fuerte contraste con otros estereotipos raciales como las tendencias inmorales, no éticas, perezosas y violentas. Los rasgos positivos incluyen ser trabajador, políticamente inactivo, estudioso, inteligente, productivo e inofensivo.

Yueqin Yang: Stereotypes of Asians and Asian Americans in the U.S. Media, 2011.

Siguiendo la lógica de la “minoría modelo”, tanto mujeres como hombres de descendencia asiática son representados en la pequeña y gran pantalla bajo la etiqueta de personajes secundarios, quienes en su mayoría suelen ser el reflejo de un determinado “ideal” estereotipado promovido por las grandes casas productoras que dominan la industria del cine y la televisión [Chris Cherry, Hollywood’s Portrayals of Asian American Men: The Sick Man of America].

La reproducción de tal imaginario tiene serias repercusiones negativas en un público joven que crece sintiendo la falta de representación en caricaturas, series y películas. Ante este vacío surge entonces la sensación de inferioridad que conlleva, entre otras cosas, al auto-aislamiento y segregación:


[…] los medios de comunicación estadounidenses tienden a difundir los estereotipos a través de sus limitados personajes asiático-americanos o discusiones sobre temas asiático-americanos. El peligro principal de estas representaciones radica en los posibles efectos que ejercen sobre los jóvenes de todas las etnias, donde la falta de asiáticos que funcionan visiblemente como miembros reconocibles de la sociedad estadounidense puede ser perjudicial para el desarrollo y la auto-identificación asiático-estadounidense.

Audrey Kwak: “Asian Americans in the Television Media: Creating Incentive for Change,” 2004.

En este sentido, en un catálogo audiovisual repleto de imágenes inspiradas en el “siniestro” Fu Manchu, el “buen hombre” Charlie Chan o el legendario Bruce Lee, la irrupción de Henry Golding (protagonista de CRA) en la gran pantalla significó un cambio trascendental sobre el ideario que durante décadas se ha promocionado acerca de los hombres asiáticos. Lo mismo aplica para la actriz Constance Wu quien a través de su interpretación de Rachel, introdujo un personaje femenino que se distanció sustancialmente a los patrones sexualizados de la China Doll o la Dragon Lady creados por la industria hollywoodense durante las primeras décadas del siglo XX.  

Estas ideas o conceptos preconcebidos sobre el hombre y la mujer asiática se cimentaron en los pilares de una falsa premisa orientalista, que promovía la “otredad” como punto divisorio entre los occidentales e individuos de origen asiático:


Bajo el concepto de orientalismo, los asiáticos y los estadounidenses de origen asiático son considerados como el “otro”, sus hábitos, costumbres y culturas se consideran exóticas, y sus personajes son mistificados, todo lo cual establece un fuerte contraste con el “yo” de herencia occidental anglo-europea. Al asociar el “otro” con el exotismo, el romance y los misterios (que son características anormales en el contexto de nuestra sociedad), se establecen representaciones y estereotipos en la mentalidad de los individuos y distintos grupos dentro de una misma sociedad.

Yueqin Yang: Stereotypes of Asians and Asian Americans in the U.S. Media, 2011.

Tal división convirtió a los individuos de origen asiático en los eternos extranjeros en una sociedad a la cual han pertenecido desde las primeras oleadas migratorias a finales del siglo XIX. Dicha tendencia sirvió como escenario para la proliferación –como ya hemos mencionado en líneas anteriores– de imágenes distorsionadas dirigidas a reforzar las barreras imaginarias entre oriente (Asia) y occidente (Estados Unidos):


[…] no importa cuánto tiempo vivan los asiáticos y los estadounidenses de origen asiático en los Estados Unidos y cómo hayan sido asimilados a la cultura blanca, [ellos] siguen siendo “extranjeros” y se les considera “forasteros” de la sociedad estadounidense. En los Estados Unidos, al mencionar la palabra “estereotipo” la gente se relaciona fácilmente con los asiáticos y los estadounidenses de origen asiático.

Yueqin Yang: Stereotypes of Asians and Asian Americans in the U.S. Media, 2011.

Sin embargo, pese a los inmensurables esfuerzos de la industria del entretenimiento para mantener los roles estereotipados en la pequeña y gran pantalla, la era de la renovación de la actual sociedad norteamericana que renace bajo los principios de una supuesta Post-ratial America, creó las condiciones para el surgir de un escenario en el cual se hizo posible retomar el debate relativo a la falta de diversidad cultural en el cine y la televisión.

Las discusiones en dicha materia se han vuelto virales en distintos espacios disponibles para el intercambio de ideas, centrado en el diseño de estrategias y políticas que fomenten mayor inclusión en el mundo de las artes escénicas. Esto se ha materializado en parte a las fuertes denuncias que usan lemas como #OscarsSoWhite, el cual se hizo popular después de anunciarse los nominados a los premios de la academia en el año 2015, un listado que tenía una reprochable pero predecible selección de actrices, actores, directores y equipo técnico predominantemente blanco.

Bajo tales circunstancias era de esperarse que la industria hollywoodense cediera tras finalmente reconocer el valor de la capacidad artística y actoral de artistas asiáticos (así como latinos y afrodescendientes), algo que los espectadores tenían bien en claro desde hace décadas.      


La expresión China Doll hace referencia al imaginario de docilidad sexual que el arte, el cine y la literatura ha promovido sobre la mujer asiática, quien por lo general suele ser interpretada por la mirada del hombre blanco occidental como un sujeto sumiso y frágil que necesita de la protección viril del héroe blanco. 

La expresión anglosajona Dragon Lady hace referencia a un estereotipo de la mujer asiática, la cual se caracteriza por su personalidad fuerte, engañosa, dominante o misteriosa. El origen y uso del término surgió en occidente, y está inspirado por los roles interpretados por la actriz Anna May Wong. En la mayoría de las veces, la expresión Dragon Lady se usa para referirse a cualquier mujer poderosa pero espinosa, generalmente de manera despectiva y peyorativa.


El efecto Crazy Rich Asians

Haciéndo las respectivas distinciones entre los distintos géneros cinematográficos, podría decirse que Crazy Rich Asians tuvo un efecto similar al generado por Black Panther entre la audiencia afroamericana, el cual se tradujo en una notable aceptación por parte de un público que demanda mayor diversidad étnica y cultural no solo en el cine, sino también en el teatro y la televisión. Sin embargo, no todo fue loas y celebraciones en honor a la historia de Rachel.

El efecto CRA también atrajo severas críticas ante la cómoda omisión de la variedad asiática en un film que pretendía celebrar la diversidad. Contrario a las expectativas del equipo creativo y miembros del reparto, la cinta Crazy Rich Asians no tuvo la recepción deseada en el mercado chino. El estreno tardío en las salas de cine del gigante asiático resultó en un inesperado fracaso de taquilla, hecho que se sumó a la falta de interés de una selecta audiencia cada vez más exigente y por tanto difícil de complacer.

Desde el estreno de CRA en la gran pantalla de ciudades como Pekín y Shanghái, los comentarios mixtos no se hicieron esperar. La opinión general se dividió entre quienes se sintieron conmovidos por la historia de Rachel, en contraste con aquellos que tomaron la cinta como una apología a los excesos de una clase social plagada de antivalores y que al mismo tiempo promueve una imagen negativa sobre los chinos.

En un artículo publicado en el portal web Sixth Tone el pasado mes de diciembre de 2018, Joanne Liu, una de las espectadoras que acudió a las salas de cine para ver el estreno de CRA, comentó sentirse decepcionada después de terminada la película. Joanne condenó la trama calificándola como “demasiado Mary Sue”, expresión peyorativa que hace referencia a un conjunto de personajes femeninos cuya interpretación es poco convincente y no brinda mayor aporte a la historia principal.

En palabras de Joanne Liu, Crazy Rich Asians es una película pensada y dirigida para el público occidental: “su conclusión de la película será que los chinos son misteriosos y exóticos, pero [para nosotros] esta representación está lejos de la verdad.” Tras el estreno de CRA en la República Popular, decenas de comentarios similares se convirtieron en el trending en WeChat y Weibo, los equivalentes de Facebook, Twitter e Instagram en el gigante asiático.

En la portada, miembros del reparto de Crazy Rich Asians (2018) junto al director Jon M. Chu
Fuente: Rozette Rago – The New York Times

En un artículo publicado en la página web Channel New Asia, Tom McGregor, especialista en temas de Asia-Pacífico, comentó que la clave principal tras el fracaso de CRA en la taquilla china se encuentra en una débil estrategia publicitaria que, a su parecer, estuvo de espaldas a los gustos e intereses de la audiencia china:


El equipo de marketing que promocionaba la película parecía totalmente desorientado sobre la mentalidad china […] Para la mayoría de los ciudadanos comunes, los carteles sugieren que la película a exhibirse será superficial e insípida, llena de personajes habladores, auto-indulgentes y con problemas típicos del primer mundo […]

Tom McGregor: Commentary: Why Crazy Rich Asians was the last movie China wanted to watch, Channel New Asia, Diciembre 07, 2018.

McGregor agregó que parte del problema detrás de la poca aceptación de la cinta en el mercado chino, radica en que los valores promovidos en la campaña publicitaria iban en dirección contraria a la política anticorrupción adelantada por el presidente Xi Jinping, la cual tiene entre sus principales targets a los plutócratas que han amasado sendas fortunas por vías ilegales. En tal sentido era de esperarse que los seguidores de Xi vieran “con gran desprecio la imagen de un llamado Crazy Rich Asian,” que alardea de su simpatía por “las familias asiáticas que se han unido al ilustre club de multimillonarios.”

Diversos ensayos de crítica y análisis sobre la reacción de la audiencia china también sirvieron como nutriente a una matriz de opinión, que criticó severamente el hecho de haber omitido la diversidad étnica y cultural de Singapur, un país cuya población está integrada por una amplia variedad de descendientes del Sudeste Asiático. La omisión “conveniente” para los efectos de comercialización de la película fue duramente condenada en las redes sociales nacionales e internacionales.

La poca o nula muestra de diversidad se consideró un acto de falta de sensibilidad hacia las minorías étnicas del país asiático. Los comentarios de los detractores se centraron básicamente en tres aspectos fundamentales: en primer lugar, el yellow-washing o yellow-facing del reparto (una suerte de versión asiática del whitewashing); en segundo lugar, la falta de diversidad étnica de la población de Singapur; en tercer lugar, el uso de inglés británico e inglés estadounidense en detrimento del acento propio del inglés que se habla en Singapur.

Ante la polémica desatada en las redes sociales, los artífices detrás de CRA atendieron el clamor de todos quienes se sintieron afectados por la poca representación de sus raíces asiáticas. En sus respectivas cuentas personales de Twitter e Instagram, actrices y actores ofrecieron merecidas disculpas, al mismo tiempo que reconocían las deficiencias de la película en cuanto a representación de la compleja diversidad de la comunidad asiática se refiere.

En la gira de promoción de CRA, la actriz Constance Wu admitió las fallas del largometraje en términos de inclusión de la diversidad asiática y escribió en sus redes sociales: “Sé que CRA no representará a todos los asiáticos estadounidenses [pero] para aquellos de ustedes que no se sienten vistos, espero que pronto haya una historia que los represente […] No somos todos iguales, pero todos tenemos una historia.” De igual modo agregó: “Soy la hija americana de padres inmigrantes. Las historias de inmigrantes son historias de sueños, de amor, de sacrificio, de coraje, de honor.” [Kimberly Yam: Constance Wu Reflects on Significance Of ‘Crazy Rich Asians’ in Raw Post, HUFFPOST, Agosto 01, 2018.]

Un logro para la diversidad cultural en la industria

Críticas van, críticas vienen, pero el éxito de Crazy Rich Asians se mantiene. Algunos dirían que dicho éxito se debe a la dulce mezcla de los ingredientes utilizados para crear una comedia romántica que conjuga a la perfección los elementos que el espectador promedio desea ver en toda rom-com: amor, drama, comedia, un toque de sátira social, y por supuesto, el final feliz de Cenicienta (no me mal interpreten, a mí me gustó la película). Otros dirán que el éxito comercial de CRA responde a una adaptación cinematográfica bastante acertada de uno de los mejores betsellers del año 2013. Yo diré que se debe a una armoniosa combinación de actrices/actores que ofrecen una interpretación fresca a la larga lista de versiones del desgastado cuento de princesas. A esto se le suma los detalles técnicos que complacen el gusto del espectador: la fotografía, los escenarios, el vestuario, y una entretenida mezcla musical ensamblada por el gran Brian Tyler (uno de los principales músico-compositores detrás de las bandas sonoras de las películas de Marvel).

Poniendo de lado los detalles técnicos, lo cierto es que la cinta explora algunos temas que quizá para el público occidental pasan desapercibidos: la ansiedad de los chinos overseas ante el primer encuentro con sus raíces asiáticas; el debate sobre la vigencia de la piedad filial en esta nueva era de reconfiguración entre la relación paterno-filial; el empoderamiento de las mujeres, y la importancia del diálogo para abrir puentes de comunicación multicultural.

Solo basta con prestar atención a momentos específicos de la historia en los que Rachel, y sus distintos interlocutores, satirizan los estereotipos que se tienen sobre los asiáticos entre los que resalta el odioso término “banana” (香蕉人). Por otro lado, la caracterización de Michelle Yeoh (Eleonor Young) se distancia del clásico cliché de la “mamá tigre”, interpretando lo que ella misma calificó de “mama dragón”, es decir, una madre que cría, cuida y protege a su mayor tesoro.

En una de las escenas más icónicas de la cinta, la familia se reúne en la mesa para hacer domplings y allí Michelle Yeoh sintetiza en pocas palabras lo que muchos consideran valores pilares de la cultura asiática, es decir, la importancia de la familia, el sacrificio de los padres en beneficio de los hijos, el respeto por la tradición, y el rol que desempeñan las matriarcas en la jerarquía familiar. En este sentido, Eleonor Young es la antagonista que toda rom-com necesita. Y Michelle Yeoh hizo un excelente trabajo al interpretarla.

El factor empoderamiento se amalgama a la perfección con la historia romántica. La historia nos presenta a Rachel (Constance Wu), una chica asiática-estadounidense que lleva con orgullo su identidad y a pesar de las múltiples adversidades, se sobrepone ante los conflictos culturales que día a día deben afrontar las comunidades asiáticas overseas.

Eleonor Young y la madre de Rachel, Kerry Chu (Tan Kheng Hua) son dos versiones que encarnan figuras maternas las cuales experimentan, desde distintos escenarios, la pesada carga de ser mujer/madre en un complejo contexto cultural. Y luego tenemos a Astrid (Gemma Chan) quien, al descubrir una amarga realidad, decide retomar las riendas de su vida para emanciparse de una relación tóxica.

Crazy Rich Asians (2018)

Entre risas y lágrimas, Crazy Rich Asians también invita a la reflexión sobre la manera en la que personajes asiáticos son recreados en la pequeña y gran pantalla. Desde hace décadas, la industria mainstream no solo ha perpetuado estereotipos ofensivos sobre la comunidad asiática, sino que también ha sido el principal promotor del whitewashing, tendencia que ha afectado de manera negativa la forma en la que el público percibe las representaciones de las llamadas minorías, sea que se trate de asiáticos, afrodescendientes o hispanoamericanos.

Tal tendencia afecta principalmente a las comunidades overseas que crecen siendo testigos de la falta de representación no solo en series de televisión o caricaturas, sino también en las películas que se proyectan en las principales salas de cine en cada país. La escasez de diversidad –y la proliferación de personajes estereotipados– tiene gran repercusión en la estabilidad emocional del espectador, quien termina convirtiéndose en la principal víctima de las estrategias nocivas promovidas a través de la industria del entretenimiento.

El éxito de películas como Get Out (2017) y Black Panther (2018), reavivó el debate sobre la falta de diversidad cultural en Hollywood. Si a esto le sumamos las críticas con relación a la disparidad de salarios entre mujeres y hombres en la industria, las mesas de discusión que ha generado el movimiento #MeToo, y las distintas campañas que minan Twitter e Instagram bajo los tags #OscarIsSoWhite & #REPRESENTATIONMATTERS, tenemos como resultado un cúmulo de condiciones ideales que hacen posible abrir el debate sobre el reconocimiento de la pluriculturalidad en un mercado que tiene un significativo impacto en la audiencia global.

Este reconocimiento exige la incorporación de actores asiáticos capaces de interpretar roles que al menos en guion, son protagonizados por asiáticos. Es un clamor que se ha vuelto una exigencia y se manifiesta en distintos gestos que circulan en las redes sociales activas en nuestra querida network global (ej. #STARRINGJOHNCHO & #STARRINGCONSTANCEWU).

Basta tan solo con realizar una rápida búsqueda en YouTube para observar la creciente proliferación de canales que reúnen las voces de jóvenes asiáticos, quienes demandan sin temor alguno mayor representación del talento asiático en todos los peldaños que conforman la industria del arte y el entretenimiento. Ellos son los mismos que aplaudieron el estreno de Crazy Rich Asians, una cinta que, a pesar de incontables críticas, constituye un paso importante en la inclusión de la multiculturalidad asiática en los cerrados espacios controlados por Hollywood.

La película demuestra que los actores asiáticos pueden interpretar otros roles ajenos al nerd adicto a las matemáticas, la chica sumisa que solo está para satisfacer el fetiche sexual del chico con “fiebre amarilla”, la actriz madura que sirve para rellenar el espacio de la milf o lady dragon, o los artistas marciales excepcionales que vienen a emular al legendario Bruce Lee.

Crazy Rich Asians es una cinta que vale la pena disfrutar y apoyar para que, en un futuro no muy distante, la diversidad étnica en las cintas de Hollywood sea la regla y no la excepción.     


Enlaces recomendados:

# ‘Crazy Rich Asians’ stars, author on making the film, Asian-American representation

# Asian People react to Crazy Rich Asians

# Crazy Rich Asians – Why You Should Not Watch It and Why You Should // Fung Bros

# Hollywood’s Asian Problem

# The Weird History of Asian Sex Stereotypes | Decoded | MTV News

# 11 Worst Stereotypical Asians in Movies – 11 Points Countdown


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